Tuesday, October 27, 2015

LIAM

La mañana despuntaba un sol cálido, tan lleno de luz que cegaba, irradiaba un calor tibio justo para disfrutar el día, no muy caliente no muy frío. Sus ojos grandes y oscuros parecían buscar algo más allá de mí, algo que estaba en un punto invisible para todos los demás, algo que se le escapaba una y otra vez, algo que anhelaba alcanzar. Nunca tendré la certeza de qué es eso que buscaba, ni si alguna vez lo encontró. Cuando las cosas pasan tan de prisa que no te dan ese segundo valioso para el respiro se vuelven ciertamente confusas, ininteligibles, pero en ese momento sin saber todo lo que iba a pasar solo disfrutaba de sus grandes ojos, llenos de vida y esperanza, que buscaban con desesperación.
Hubiera querido ser invisible solo un espectador de la escena, pero la escena era desgarradora para mí: sus ojos pasaban rápidamente del vacío a la basura, grandes bolsas de basura negra destruidas y lo que alguna vez fue comida mesclado con todo tipo de desperdicios regados en esa esquina sin  nada notable sobre ella que decir, solo la basura. Así que aún en contra de lo que dictaba mi razón decidí dejar de ser un espectador y pasar a hacer parte de esa puesta en escena, me bajé de carro aún con dudas en mi cabeza, pero sus grandes ojos finalmente me miraron fijamente y supe que no había marcha atrás, esos ojos estarían conmigo, y así fue hasta su ultimo día.
Un solo llamado, no recuerdo las palabras, tal vez nunca hubo palabras expresadas, solo a través de nuestra mirada, y él se acercó, más confiado de lo que yo hubiera esperado y sin embargo en cada centímetro de su cuerpo se notaba el miedo, su espalda encorvada, su cabeza gacha, sus ojos fijos en mí, su cola con un atisbo de movimiento pero metida en lo profundo entre sus patas. Y aún con el miedo que expresaba su pequeño cuerpo se dejó tentar por mis brazos que lo levantaron e intentaron hacerlo sentir seguro.

Han pasado varios días y varias noches, su cuerpo ahora es solo un recuerdo, pero aún por momentos creo sentir su peso en mis brazos acunándolo, y susurrándole al oído historias de amor y felicidad, llenos de "y fueron felices para siempre". Pero "para siempre" hay veces es un período muy corto, como fue este el caso. En las noches cuando duermo siento su cuerpo pequeño arrunchado contra mí, su lengua babosa regalándome besos, y su ahora muy activa cola, pero es solo un sueño, su cuerpo ya no está. Él ya no está.
El día que se fue no pude estar ahí. El primer día le dije que siempre estaría, y que ya no estaba solo, y sin embargo ese último día no estuve. Claro que yo no sabía que era el último día, pero aún así rompí la promesa que le hice. No sé si el me sentía ahí, porque cada pensamiento que tenía estaba dedicado a él, cada sentimiento intentaba mantenerlo aferrado a la vida, aunque yo estaba lejos. Corrí desesperada para llegar cuando algo en lo profundo de mi cabeza me dijo lo estás perdiendo, lo están perdiendo, pero estaba lejos, cuando llegué hace mucho él había dado su ultimo respiro, ya no quedaba nada él en lo que alguna vez fue su cuerpo. Me dijeron que entrara a verlo, pero no podía ver esa carcaza vacía, eso ya no era él, mi pequeño se había ido, y su cuerpo no era más que una forma pequeña, no podía ver lo que quedaba de él así, necesitaba recordarlo feliz, necesitaba aferrarme a la idea de que nuestro último recuerdo juntos era feliz.
Ese ultimo recuerdo: ya tarde la noche antes, yo metida en mi cama bajo el edredón, él al lado mío, arrunchado, con su cabeza encima de un muñido cojín azul, mirandome fijamente, buscando ya no en el vacío si no dentro de mis ojos eso que buscaba desesperadamente desde el primer día que lo vi, cerre mis con ea ultima mirada, y sabía que él estaba a mi lado para cuidar todos mis sueños, y yo estaba a su lado para cuidarlo a él.

Si creo o no en el cielo no lo sé con certeza, una parte de mí quiere creer desesperadamente, por todos aquellos que se han ido y que extraño y sigo amando, tener esa certeza de que están felices en alguna parte y que estarán felices de verme cuando yo misma deje de existir en este mundo, quiero creer eso. Pero mi parte racional ve todo de una forma diferente, sabe que somos ciertamente energía, y que esa energía, llamémosla ‘vital’, es lo que de alguna forma nos hace ser nosotros, y las leyes de la física dicen que la energía no se destruye se transforma, así que mi parte racional cree que nuestra energía vuelve al mundo de otra forma.
Sé que no voy a volver a ver esos ojos, por lo menos no hasta que me muera si lo que quiero creer sobre el cielo es cierto, pero me aferro a los recuerdos con la esperanza de que no se borren y sigan ahí, peor los recuerdos son tan efímeros, tan lejanos, y algunas veces tan fríos... Espero que esos recuerdos puedan seguirme transmitiendo toda su calidez, porque son lo único que tengo ahora.

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