Wednesday, February 14, 2007

algo

Una suave brisa golpeaba las ventanas de la desvencijada casa de la esquina, en otrora espléndida y vital, ahora una ruina más, como todas las viejas casas que conformaban la cuadra, solo una cosa la diferenciaba del gris monótono del polvo que las cubría a todas por igual...

Dentro un niño pequeño tenía su cuartel de juegos, en la habitación del tercer piso, el altillo le servía al pequeño para guardar tesoros de laminas, y colombinas, de chocolates y carritos. Y a la luz de la vela durante aquella gris tarde, pinto de un suave tono azul celeste, con destellos de rojo amanecer, las paredes de la habitación de juegos. Pero solo aquel dispuesto a creerlo así, podía ver la hermosa tonalidad de la pintura, porque el niño cansado del gris polvo había invertido toda una fortuna en pintura imaginada.

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