la tempestad
el cielo de la mañana tenía un tinte azul profundo, sin rastros de nubes, ni de la tempestad que la noche anterior había arremetido. Mehio estaba acostado en la blanca arena mirando el cielo, con los ojos perdidos más allá del fin de universo, a sus pies las olas golpeaban con intensa furia la playa arrastradas por el viento silbante y fuerte, sobre su cabeza la verde selva espesa se extendía hasta donde alcanzaba la vista y aun más.
De su choza no quedaban más que algunas hojas de platano y palos regados en un perímetro de varios metros, más sin embargo sus pensamientos estaban perdidos fuera del espacio y el tiempo, fuera de esta dimensión, después de la nada y el caos, lejos del universo y sus habitantes. Él con sus pensamientos divagaba en ese sitio al que llegas después de morir. Había decidido acompañar a su padre hasta la entrada misma de ese sitio y hacerle compañía mientras las puertas de los dos mundos permanecieran abiertas.
No muy a menudo esto sucedía, pero el sacerdote del pueblo le había enseñado a traspasar el camino y encontrar la puerta, de Mehio en la playa sólo quedaba el cuerpo.
...
Un rápido parpadeo y estuvo de vuelta, ahora observaba los rastros inconfundibles sobre la selva y la playa de la tormenta de la noche anterior: algunos arboles estaban tan inclinados que casi podían tocar el piso, y muchos habían perdido varias de sus ramas, de los animales que había tenido ya no quedaba ninguno, la mayoría había huido en medio de la lluvia y los truenos.
Era tradición de su pueblo, construir un pequeño bote de ramas de platano con una luz y echarlos al agua del rio o del mar para guiar y consolar a aquellos que habían partido de este mundo. Con gran esmero recogió algunas hojas d elo que antes fuera el techo de su casa y lo hizo, en el puso medio coco seco y dentro de coco hojarasca que prendió con un tibio fuego. La luz se pudo ver alejandose por sobre las olas durante casi una hora, esquivando una tras otra las oleadas y el viento que estuvo cerca de voltearla.
Sus ojos dejaban salir las lágrimas.
Solo como estaba ahora, debía emprender el camino a la aldea. Varias horas de viajes si no sucedía algún contratiempo lo llevarían al pequeño claro en medio de la selva repleto con chozas de madera y hojas.
Se dio vueltaq y empredió el camino hacía la selva, en su mente una frase daba vueltas, el mismo sacerdote que le hab+ia enseñado el camino a la puerta de los dos mundos había dicho alguna vez : "nadie puede entender a la madre naturaleza, pero ella es más sabia que todos los que moran en esta tierra, cuando ella decide nadie se puede interponer a sus designos." Mehio intentaba entender ahora que su padre se había ido la noche anterior porque la madre naturaleza así lo había querido, y ni él ni cualquier otro hubiera podido evitarlo si así ella lo había decidido.

2 Comments:
HOOOOOLA KHOULY
Bienvienida.
Hola pequeñina, no te habia puesto comentario, no se porque, pero te repito, escribes como hablas. Muy bacanas tus historias (que lambón).
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