Thursday, November 18, 2004

Justo Pastor

Un hombre viejo, que aparenta tener unos 70 años, pero probablemente apenas alcance los 60. Su barba larga, blanca y enrededa,esconde su boca fina; sus cejas blancas y espesas esconden buena parte de sus ojos, dejando ver apenas un brillo lejano que asoma. Su piel curtida por el sol, con grandes zurcos profundos hechos por las dificultades e inclemencias de la vida. Sus manos grandes y sucias, negras por el polvo y la tierra, con uñas largas sin arreglar. Él vestido con ropas viejas y desgastadas, descoloridas y retas, con una chaqueta de paño raida que debió haber sido marrón. En su cuello una bufanda para protegerse del frio, de aquellas que recuerdan el reggae.

Lo primero que vi de él fueron sus ojos, posiblemente con cataratas por su aspecto, de un color azul blancuzco, llenos de sorpresa y alegría, que se fijaron en los míos como si hubiera encontrado algo mucho tiempo atras perdido.
Todo aquello empezó con un saludo: él pasó a mi lado en la esquina del instituto distrital de cultura y turismo, junto a la plaza de Bolivar, y yo lo saludé. Él me saludo, y entonces fue cuando vi sus ojos profundos, y lo siguiente que encontré en él, fue su dulce sonrisa de niño rodeada por arrugas inconmensurables.
Hablamos en aquella esquina, esperaba que alguno de sus amigos pasara por allí para ayudarle con la carga que llevaba: una gran puerta de alguna casona vieja que le habían regalado y que esperaba vender por antiguedad.
Me contó de su vida, de sus historias, de la ciudad. Nos sentamos en las escaleras de la plaza de Bolivar. Recuerdo claramente como sus ojos escondidos se posaron tristemente en el suelo como perdidos en el tiempo cuando me hablo de su hija. Yenni, hija de Justo Pastor, tenía más o menos mi edad, pero no vivía con él, vivía con una familia en la candelaria, y se encargaba de cuidar a las dos hijas pequeñas de la pareja que la cuidaba, su madre había muerto tiempo atras y desde entonces Yenni había ido a vivir con esa familia. Él algunas veces la veía, una vez, ella atraveso la plaza de Bolivar para ir a su trabajo de las mañanas en una tienda sobre la decima, él la vio y se le acercó a saludarla, ella siguió de largo y lo ignoró. Justo sabía de la verguenza que le causaba a Yenni tenerlo por padre, pero él la amaba sin restricciones y perdonaba cada uno de sus desprecios sin dudarlo.
Cuando volvió a mirarme una vez terminada la historia, y luego de estar hablando más o menos por una hor ay medio, se quedó callado con una sonrisa. Luego dijo aquello que me dio un inmenso 'mab', dijo que él me iba a cuidar como una hija, que sería si hija mayor. Y sin más llamó a una amiga suya, vendedora de tintos y aguas, y me presentó. "Negra, le presentó a mi hija mayor, Camilita". La señora me miró dudosa y finalmente me sonrió alcanzandome la mano, se la estreché y devolví al sonrisa. Compré dos tintos cada uno por 200 pesos, y ella continuó su camino.

Nos separamos después de las horas de conversar. Él consiguió quien le ayudara y yo me dirigí a coger bus, antes prometiendole que regresaría a visitarlo. Cuando solo había recorrido unos pasos, él me alcanzó de nuevo, y cogió una de mis manos entre las suyas, la alzó y la besó, y después de dedicarme una sonrisa se despidió suavemente con un "cuidese".

Regresé una semana después como había prometido. Me senté en la plaza de Bolivar en el mismo sitio a esperar que él pasara, no habíamos fijado ni día ni hora, pero yo esperaba que él apareciera. Y así fue.
Al principio dudo en acercarse, sólo me miraba desde la otra acera quieto como una estatua, y finalmente se avalanzó a paso vivo hasta mí. Allí estabamos de nuevo los dos hablando. Esta vez me contó sobre sus esposas, la mayoría de ellas no oficiales, y la que más amó de todas, la madre de Yenni. La ultima había muerto también por una infección en los pulmones que no pudo tratar a tiempo, el hospital estaba abarrotado de gente y no la recibieron hasta que fue demasiado tarde.
No habíamos almorzado, y eran las dos de la tarde, yo que tampoco había desayunado, y muy seguramente el ni siquiera había comido la noche anterior, tenía un hambre voraz, así que le pedí me recomendara un sitio para almorzar. "Donde Doña Anita cocinan muy rico, Camilita". Acepté su sugerencia y fuimos a almorzar los dos, Él se lamento terriblemente por no poderme invitar, y me explico que había un sitio más allá de la decima donde el algunas veces almorzaba un plato de sopa que solo costaba 500 pesos, pero que a esa hora ya estaba cerrado.
Entramos al restaurante, en la calle paralela a la septima, junto al palacio de Nariño, allí estaba Doña Anita sentada mirando a todo el que entraba en una mesa de al fondo, era una viejita de pelo pintado y una expresión un poco amargada. Nos sentamos en una mesa, un mesero alto, algo calvo y bastante flaco se nos acercó, me sornió y luego miró seriamente a Justo, al final se saludaron como amigos. Al mesero le gustaba hacer voces, así que la primera vez que nos hablo pusó un acento francés en su voz, cosa que me divirtió bastante, nos explicó el plato del día, y los cambios que podiamos hacer (carne por huevo, garbanzos por alverja, ensalada por patacon), cada uno pidió, y en el almuerzo me siguió contando de sus esposas. También me dijo que vivía en una casona vieja mucho después de la decima, y me dijo que mientras me fuera posible, jamás fuera por allá porque era muy peligroso. Cuando ya no tenía más hambre, aún quedaba arroz en el plato, un banano (que venía con la sopa), y algo de alverjas, Justo me preguntó si lo iba a comer, a lo que negué, y entonces me pidió permiso para llevarselo, así que pidió una bolsa, que el mesero le trajo (esta vez con acento ruso), y guardo lo que quedaba de mi almuerzo y del suyo en la bolsa. Luego me explicó que lo guardaba para la comida de la noche y la de mañana.
Pagué los almuerzos, cada uno a 2000 pesos.
Salimos y me pidió lo acompañara a una reunión que tenía en un sitio llamado La Concordia. Me asusté un poco al pensar en una reunión, en un sitio que desconocía, pero miré de nuevo sus ojos y confié en él.
Llegamos a una casa en la parte alta, cerca a los andes, él golpeo y nos abrieron, dentro habían varios salones, y me explicó que era una casa social, allí se reun´´ian jovenes, niños y ancianos a hacer actividades. Bajamos por una rampa, y allí en un espacio amplio, muchos viejitos y viejitas como éle staban halando sentados alrededor de mesas o jugando, una señora nos recibió y regañó a Justo Pastor por llegar tarde ala reunión, yo me metí y le expliqué a la señora que había sido mi culpa, en ese momento Justo me presentó de nuevo como su hija mayor. él fue y saludó a unos amigos suyos, y yo me quedé mirando cada parte de la sala. Los viejitos que estaban cerca me regalaban amplias sonrisas, que les devolvía, algunos me preguntaron como me llamaba, o por qué conocía a Justo. Luego la señora llamó uno a uno a los ancianos con una lista, y cada uno fue saliendo para irse. Justo me explicó que era la forma de llevar control para entregarles el subsidio del gobierno, para ancianos indigentes (o muy pobres), y sí dejaban de ir más de dos veces consecutivas dejaban de recibir el subsidio. Salimos y nos dirigimos a visitar otro amigo de Justo.
Frente a el parque de los periodistas, una tienda de vajillas de una ceramica negra (de la cual no recuerdo el nombre). Dentro un señor gordo con sus hijas y esposa, que saludaron amablemente, Justo le explicó al señor Gordo un negocio que había conseguido por unas de esas cacerolas que vendían. Mientras el discutía de negocios, yo acariciaba al perro.
Nos sentamos en el parque de lso periodistas, y me contó sobre la gente que él conocía.
Era tarde, y yo tneía que regresar a mi casa, así que me acompañó a la séptima a coger bus. Primero pasamos por una tienda y entramos, allí saludo amablemente al tendero, y este le ofreció bocadillos veleños gratis, al igual que amí, pero yo no sacepté, por lo que Justo cogió dos.

Después de eso regresé dos veces más al centro... pero no lo encontré. No lo he vuelto a ver, y sin embargo lo extraño, me siento como una mala hija que no ha ido a visitar a su padre. Y me preocupa que algo pueda pasarle.
Ire a visitarlo en cuento pueda... pero ya he dicho eso pvarias veces, y termino envolatandome y no voy.

...
Ire

1 Comments:

At Thursday, 18 November, 2004, Blogger Aldaron said...

Muy conmovedora la historia querida Khouly. También demuestras que tienes un corazón enorme. Que Dios te guarde siempre.

Saludos, Aldaron.

 

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