Saturday, November 20, 2004

La tristeza de la incertidumbre,
La agonia en la angustia.
El insomnio mientras la noche
Transcurre en un sinsabor espsectante.
Tu, taciturna nimbada de espectros.
El aire pesado e inmovil en la espera,
La mirada perdida
En la ciudad de niebla.

Aun no regresa.

Friday, November 19, 2004

"Detrás de tu cara, debajo de tus palabras, por encima de tus pensamientos, debajo de tu mente, acecha el silencio de otro mundo. Un mundo vive en tu interior."

John O'Donohue, 'Anam cara!

MINOTAURO

Monstruo cruel, solitario y vagabundo
De la oscuridad, de la noche, de lo taciturno.

Triste sombra del laberinto,
Condenado Minotauro perseguido.

Esperpento, espantoso, horrible.
Maligno, malevolo, malefico.
Terrible, atroz, tremebundo.
Fiero, salvaje, barbaro.
Cruel, inhumano, sanguinario.

Solo, aislado, solitario.
Desamparado, abandonado, apartado.
Eremita, ermitaño, anacoreta.

Triste, afligido, melancolico.
Amargado, apenado,a tribulado.
Mustio, laguido, decaido.
Vagabundo, errante, nomada.

Mio, solo mio.
Unicamente: yo.

Thursday, November 18, 2004

Justo Pastor

Un hombre viejo, que aparenta tener unos 70 años, pero probablemente apenas alcance los 60. Su barba larga, blanca y enrededa,esconde su boca fina; sus cejas blancas y espesas esconden buena parte de sus ojos, dejando ver apenas un brillo lejano que asoma. Su piel curtida por el sol, con grandes zurcos profundos hechos por las dificultades e inclemencias de la vida. Sus manos grandes y sucias, negras por el polvo y la tierra, con uñas largas sin arreglar. Él vestido con ropas viejas y desgastadas, descoloridas y retas, con una chaqueta de paño raida que debió haber sido marrón. En su cuello una bufanda para protegerse del frio, de aquellas que recuerdan el reggae.

Lo primero que vi de él fueron sus ojos, posiblemente con cataratas por su aspecto, de un color azul blancuzco, llenos de sorpresa y alegría, que se fijaron en los míos como si hubiera encontrado algo mucho tiempo atras perdido.
Todo aquello empezó con un saludo: él pasó a mi lado en la esquina del instituto distrital de cultura y turismo, junto a la plaza de Bolivar, y yo lo saludé. Él me saludo, y entonces fue cuando vi sus ojos profundos, y lo siguiente que encontré en él, fue su dulce sonrisa de niño rodeada por arrugas inconmensurables.
Hablamos en aquella esquina, esperaba que alguno de sus amigos pasara por allí para ayudarle con la carga que llevaba: una gran puerta de alguna casona vieja que le habían regalado y que esperaba vender por antiguedad.
Me contó de su vida, de sus historias, de la ciudad. Nos sentamos en las escaleras de la plaza de Bolivar. Recuerdo claramente como sus ojos escondidos se posaron tristemente en el suelo como perdidos en el tiempo cuando me hablo de su hija. Yenni, hija de Justo Pastor, tenía más o menos mi edad, pero no vivía con él, vivía con una familia en la candelaria, y se encargaba de cuidar a las dos hijas pequeñas de la pareja que la cuidaba, su madre había muerto tiempo atras y desde entonces Yenni había ido a vivir con esa familia. Él algunas veces la veía, una vez, ella atraveso la plaza de Bolivar para ir a su trabajo de las mañanas en una tienda sobre la decima, él la vio y se le acercó a saludarla, ella siguió de largo y lo ignoró. Justo sabía de la verguenza que le causaba a Yenni tenerlo por padre, pero él la amaba sin restricciones y perdonaba cada uno de sus desprecios sin dudarlo.
Cuando volvió a mirarme una vez terminada la historia, y luego de estar hablando más o menos por una hor ay medio, se quedó callado con una sonrisa. Luego dijo aquello que me dio un inmenso 'mab', dijo que él me iba a cuidar como una hija, que sería si hija mayor. Y sin más llamó a una amiga suya, vendedora de tintos y aguas, y me presentó. "Negra, le presentó a mi hija mayor, Camilita". La señora me miró dudosa y finalmente me sonrió alcanzandome la mano, se la estreché y devolví al sonrisa. Compré dos tintos cada uno por 200 pesos, y ella continuó su camino.

Nos separamos después de las horas de conversar. Él consiguió quien le ayudara y yo me dirigí a coger bus, antes prometiendole que regresaría a visitarlo. Cuando solo había recorrido unos pasos, él me alcanzó de nuevo, y cogió una de mis manos entre las suyas, la alzó y la besó, y después de dedicarme una sonrisa se despidió suavemente con un "cuidese".

Regresé una semana después como había prometido. Me senté en la plaza de Bolivar en el mismo sitio a esperar que él pasara, no habíamos fijado ni día ni hora, pero yo esperaba que él apareciera. Y así fue.
Al principio dudo en acercarse, sólo me miraba desde la otra acera quieto como una estatua, y finalmente se avalanzó a paso vivo hasta mí. Allí estabamos de nuevo los dos hablando. Esta vez me contó sobre sus esposas, la mayoría de ellas no oficiales, y la que más amó de todas, la madre de Yenni. La ultima había muerto también por una infección en los pulmones que no pudo tratar a tiempo, el hospital estaba abarrotado de gente y no la recibieron hasta que fue demasiado tarde.
No habíamos almorzado, y eran las dos de la tarde, yo que tampoco había desayunado, y muy seguramente el ni siquiera había comido la noche anterior, tenía un hambre voraz, así que le pedí me recomendara un sitio para almorzar. "Donde Doña Anita cocinan muy rico, Camilita". Acepté su sugerencia y fuimos a almorzar los dos, Él se lamento terriblemente por no poderme invitar, y me explico que había un sitio más allá de la decima donde el algunas veces almorzaba un plato de sopa que solo costaba 500 pesos, pero que a esa hora ya estaba cerrado.
Entramos al restaurante, en la calle paralela a la septima, junto al palacio de Nariño, allí estaba Doña Anita sentada mirando a todo el que entraba en una mesa de al fondo, era una viejita de pelo pintado y una expresión un poco amargada. Nos sentamos en una mesa, un mesero alto, algo calvo y bastante flaco se nos acercó, me sornió y luego miró seriamente a Justo, al final se saludaron como amigos. Al mesero le gustaba hacer voces, así que la primera vez que nos hablo pusó un acento francés en su voz, cosa que me divirtió bastante, nos explicó el plato del día, y los cambios que podiamos hacer (carne por huevo, garbanzos por alverja, ensalada por patacon), cada uno pidió, y en el almuerzo me siguió contando de sus esposas. También me dijo que vivía en una casona vieja mucho después de la decima, y me dijo que mientras me fuera posible, jamás fuera por allá porque era muy peligroso. Cuando ya no tenía más hambre, aún quedaba arroz en el plato, un banano (que venía con la sopa), y algo de alverjas, Justo me preguntó si lo iba a comer, a lo que negué, y entonces me pidió permiso para llevarselo, así que pidió una bolsa, que el mesero le trajo (esta vez con acento ruso), y guardo lo que quedaba de mi almuerzo y del suyo en la bolsa. Luego me explicó que lo guardaba para la comida de la noche y la de mañana.
Pagué los almuerzos, cada uno a 2000 pesos.
Salimos y me pidió lo acompañara a una reunión que tenía en un sitio llamado La Concordia. Me asusté un poco al pensar en una reunión, en un sitio que desconocía, pero miré de nuevo sus ojos y confié en él.
Llegamos a una casa en la parte alta, cerca a los andes, él golpeo y nos abrieron, dentro habían varios salones, y me explicó que era una casa social, allí se reun´´ian jovenes, niños y ancianos a hacer actividades. Bajamos por una rampa, y allí en un espacio amplio, muchos viejitos y viejitas como éle staban halando sentados alrededor de mesas o jugando, una señora nos recibió y regañó a Justo Pastor por llegar tarde ala reunión, yo me metí y le expliqué a la señora que había sido mi culpa, en ese momento Justo me presentó de nuevo como su hija mayor. él fue y saludó a unos amigos suyos, y yo me quedé mirando cada parte de la sala. Los viejitos que estaban cerca me regalaban amplias sonrisas, que les devolvía, algunos me preguntaron como me llamaba, o por qué conocía a Justo. Luego la señora llamó uno a uno a los ancianos con una lista, y cada uno fue saliendo para irse. Justo me explicó que era la forma de llevar control para entregarles el subsidio del gobierno, para ancianos indigentes (o muy pobres), y sí dejaban de ir más de dos veces consecutivas dejaban de recibir el subsidio. Salimos y nos dirigimos a visitar otro amigo de Justo.
Frente a el parque de los periodistas, una tienda de vajillas de una ceramica negra (de la cual no recuerdo el nombre). Dentro un señor gordo con sus hijas y esposa, que saludaron amablemente, Justo le explicó al señor Gordo un negocio que había conseguido por unas de esas cacerolas que vendían. Mientras el discutía de negocios, yo acariciaba al perro.
Nos sentamos en el parque de lso periodistas, y me contó sobre la gente que él conocía.
Era tarde, y yo tneía que regresar a mi casa, así que me acompañó a la séptima a coger bus. Primero pasamos por una tienda y entramos, allí saludo amablemente al tendero, y este le ofreció bocadillos veleños gratis, al igual que amí, pero yo no sacepté, por lo que Justo cogió dos.

Después de eso regresé dos veces más al centro... pero no lo encontré. No lo he vuelto a ver, y sin embargo lo extraño, me siento como una mala hija que no ha ido a visitar a su padre. Y me preocupa que algo pueda pasarle.
Ire a visitarlo en cuento pueda... pero ya he dicho eso pvarias veces, y termino envolatandome y no voy.

...
Ire

Thursday, November 11, 2004

el lugar

Las voces sonaban a su alrededor, todas parecían hablar de lo mismo, pero las palabras eran inentelegibles. Las figuras, dueñas de las voces, eran borrosas y parecían lejanas, cuando en realidad pocos metros y centímetros los separaban. D e algún recondito lugar infinitamente lejano del universo, un aroma se había colado por un extraño águlo de la dimensión sobre pasanto espacio-tiempo y llegando a su mariz, desvaneciendo cualquier otra percepción olfativa.
Su cuerpo perdía la sensibilidad, ya sólo quedaba una vaga sensaci+on de la silla en la que había estado sentado y había sido sustituida paulatinamente por un vacio tactil. Y por último, su boca se había llenado de un fuerte sabor amargo y una sensación viscosa.
Mientras cada uno de sus sentidos se desvanecía, las nuevas sensaciones que se iban creando fuera de cualquier clasificación conocida, y sentidos nunca antes concebidos se generaban en él para percibirlas.

Finalmente, un espacio vacio, sin sonido, sin luz perceptible, con un crudo aroma penetrante que tal vez él imaginaba, acompañado de sensaciones indescriptibles, lo había atrapado. El vacio era tal que su cuerpo no estaba, aunque él estuviera. Quería creer que se movía, pero ¿qué se mueve en el vacio?
Sin tiempo, como se encontraba era imposible decir cuánto estuvo allí, cómo explicar que estuvo en el vacio sin tiempo ni espacio y aún así en él se guardaba un lejano recuerdo del tiempo que le hizo creer que el vacio duró una eternidad, sin conocer cuanto podría ser aquello.

Un lejano punto aparentemente emanador de luz apareció, sin cuerpo es difícil dar una referencia de la ubicación en que se hallaba el punto, sin embargo, este se acercaba, ó él se acercaba al punto, caía ó se elevaba.

Poco a poco desaparecieron los sentidos desconocidos, y los acostumbrados fueron regresando. Y sin embargo, la velocidad increiblemente grande impedía utilizar los sentidos que volvían. El choque era inminente.
Pero no llegó. El punto de luz estaba frente a él, uno apenas distanciado del otro. Ël también era un punto, sin cuerpo ni forma, pero de nuevo con sentidos.

Luego, otra eternidad. Los puntos fueron yuxtapuestos, permeandose uno al otro y siendo solo un punto con la luz.

Al abrir de nuevo los ojos, frente a él -ya corporeo- una puerta imponente y lisa, sin ranuras, y aparentemente extendida al infinito. En su cuello cogaba de nuevo la llave que durante d+ias había llevado. y en la llave suspendida el punto de luz se proyectaba a la puerta.

La puerta se abrió. Finalmente, había llegado al lugar al que pertenecía.

Sunday, November 07, 2004

FUMELLAR

Lórien había estado durante muchas edades maravillado con el trabajo de Aulë, y estaba especialmente curioso con su más grande creación, unos seres a los que se les daba el nombre de Enanos. Así que en medio de la penumbra desarrolló un plan para conocerlos, y así fue que mandó a uno de sus vasallos a robar en sueños a un Enano. Cuando esto estuvo hecho, Lórien se acercó a la pequeña criatura hija de Aulë y le mostró a Murmuran su morada en sus sueños.
Bien describió Rúmil, el custodio de la puerta de la cabaña del juego perdido, a Murmuran en Valinor: “Lórien también vivía lejos, y su morada era grande y recogida, y con amplios jardines. El sitio tenía el nombre de Murmuran que Aulë hizo con neblinas recogidas más allá de Arvalin sobre los mares Sombríos. Había sido levantada en el sur al pie de las Montañas de Valinor en los confines del reino, pero los jardines se prolongaban maravillosamente a un lado y a otro serpenteando casi hasta el pie de Silpion, cuyo resplandor iluminaba de manera extraña. Había allí muchos laberintos y lugares recónditos, pues Palúrien [Yavanna] le había dado a Lórien una fortuna en tejos y cedros, y grupos de pinos que exudaban olores adormecedores en el crepúsculo; y se levantaban éstos sobre estanques profundos. En los bordes de los estanques revoloteaban luciérnagas de un lado al otro, y Varda había puesto estrellas en las profundidades para el deleite de Lórien; pero los espíritus de Lórien cantaban maravillosamente en estos jardines, y el perfume de las flores nocturnas y las canciones de los adormecidos ruiseñores los llenaban de gran encanto. También crecían allí amapolas que resplandecían rojas en el crepúsculo, y a éstas llamaron los dioses fumellar, las flores del sueño, y Lórien las utilizaba a menudo en sus encantamientos. En medio de estas amenidades había un anillo de sombríos cipreses que se levantaban como torres sobre la profunda tina de Silindrin. Allí estaba sobre un lecho de perlas y su superficie ininterrumpida tenía estremecimientos de plata y sobre ella caía la sombra de los árboles, y las Montañas de Valinor podían ver allí sus caras reflejadas. Cuando Lórien la contemplaba, tenía muchas visiones de misterio, y no permitía que la despertasen, salvo cuando Silmo acudía sin ruido con una urna de Plata para llevarse unas gotas de frescor estremecido, y partía luego quedamente de allí a regar las raíces de Silpion antes de que el árbol de oro se calentara.”
Y esto fue lo que vio el enano, y se sintió feliz con aquella lejana visión de tiempos pasados, donde habitara Lórien muchas edades antes, cuando el mundo era bañado por la luz de los dos árboles. De allí lo que más llamó su atención fueron las hermosas flores rojas de quienes los ruiseñores cantaban su nombre “fumellar”, amapolas.
Fue aquel un sueño feliz para el Enano, y al despertar, aunque no recordaba las hermosas visiones que había tenido, y al gran señor de los Vala que lo había conducido a través de su morada, una felicidad lo había invadido.

Pasaron los años, y un día el enano deambulaba por el Bosque de Fangorn perdido en medio de los grandes árboles y asustado por los susurros que unos a otros se mandaban como silbidos en el viento, cuando vio de nuevo las flores del sueño que resplandecían con la luz que se colaba a través de las altas ramas. El recuerdo le llegó como una avalancha de sutiles placeres, y permaneció petrificado unos instantes ante aquella visión que ahora volvía a tener. Mientras sus ojos estuvieron deleitándose con la belleza de aquellas flores y sus aromas enviciantes, se levantó desde atrás del pequeño campo de flores una ent pequeña, que estaba arrodillada al lado de las flores consintiéndolas, y que el Enano había pasado por alto. En principio la joven ent asustó sobre manera al Enano, pero esta estaba aún más sorprendida de la devoción que tenía el Enano por las Flores Rojas de los Sueños, y con curiosidad se acercó al Enano, este habló con la ent y la llamó desde entonces Fumellar, Amapola.

Tuesday, November 02, 2004

la tempestad

el cielo de la mañana tenía un tinte azul profundo, sin rastros de nubes, ni de la tempestad que la noche anterior había arremetido. Mehio estaba acostado en la blanca arena mirando el cielo, con los ojos perdidos más allá del fin de universo, a sus pies las olas golpeaban con intensa furia la playa arrastradas por el viento silbante y fuerte, sobre su cabeza la verde selva espesa se extendía hasta donde alcanzaba la vista y aun más.
De su choza no quedaban más que algunas hojas de platano y palos regados en un perímetro de varios metros, más sin embargo sus pensamientos estaban perdidos fuera del espacio y el tiempo, fuera de esta dimensión, después de la nada y el caos, lejos del universo y sus habitantes. Él con sus pensamientos divagaba en ese sitio al que llegas después de morir. Había decidido acompañar a su padre hasta la entrada misma de ese sitio y hacerle compañía mientras las puertas de los dos mundos permanecieran abiertas.
No muy a menudo esto sucedía, pero el sacerdote del pueblo le había enseñado a traspasar el camino y encontrar la puerta, de Mehio en la playa sólo quedaba el cuerpo.
...
Un rápido parpadeo y estuvo de vuelta, ahora observaba los rastros inconfundibles sobre la selva y la playa de la tormenta de la noche anterior: algunos arboles estaban tan inclinados que casi podían tocar el piso, y muchos habían perdido varias de sus ramas, de los animales que había tenido ya no quedaba ninguno, la mayoría había huido en medio de la lluvia y los truenos.
Era tradición de su pueblo, construir un pequeño bote de ramas de platano con una luz y echarlos al agua del rio o del mar para guiar y consolar a aquellos que habían partido de este mundo. Con gran esmero recogió algunas hojas d elo que antes fuera el techo de su casa y lo hizo, en el puso medio coco seco y dentro de coco hojarasca que prendió con un tibio fuego. La luz se pudo ver alejandose por sobre las olas durante casi una hora, esquivando una tras otra las oleadas y el viento que estuvo cerca de voltearla.
Sus ojos dejaban salir las lágrimas.

Solo como estaba ahora, debía emprender el camino a la aldea. Varias horas de viajes si no sucedía algún contratiempo lo llevarían al pequeño claro en medio de la selva repleto con chozas de madera y hojas.
Se dio vueltaq y empredió el camino hacía la selva, en su mente una frase daba vueltas, el mismo sacerdote que le hab+ia enseñado el camino a la puerta de los dos mundos había dicho alguna vez : "nadie puede entender a la madre naturaleza, pero ella es más sabia que todos los que moran en esta tierra, cuando ella decide nadie se puede interponer a sus designos." Mehio intentaba entender ahora que su padre se había ido la noche anterior porque la madre naturaleza así lo había querido, y ni él ni cualquier otro hubiera podido evitarlo si así ella lo había decidido.

Khouly, Margarita, Hebe, Antonia, Mab, Sybila, Amelie, Kimina, etc

yo y mis yos